Cada proyecto, documento, acción y revisión pertenece exactamente a una cuenta. El acceso entre cuentas lo bloquea la capa de datos, no un botón escondido.
Lo que sube nunca se sirve desde una dirección adivinable. Las descargas pasan por enlaces firmados de vida corta, ligados a su sesión.
Quién ejecutó qué, quién gastó qué créditos, quién subió qué y a quién se invitó: registrado y visible para el administrador de su cuenta.
En los planes de equipo usted decide quién puede lanzar acciones, quién solo puede leer y si una persona tiene su propio techo de créditos.
Una página de privacidad que solo hace promesas no es una página de privacidad. Aquí está la otra mitad.
Ni SOC 2, ni ISO 27001, ni sello de test de intrusión. Si su departamento de compras exige uno, hoy no encajamos, y lo decimos en vez de insinuar lo contrario.
Una revisión técnica de seguridad encuentra problemas técnicos. No le dice si cumple una normativa y no sustituye a un abogado.
Una revisión necesita un lector. Si un documento es demasiado sensible para que lo lea alguien de fuera de su empresa, no lo suba: ejecute el procedimiento y quédese con el resultado.
La clasificación, la generación y la verificación usan modelos de lenguaje. La revisión de expertos la hace una persona. El espacio de trabajo siempre indica cuál de las dos produjo lo que está leyendo.
Ejecute el procedimiento en su propio entorno y comparta solo lo que decida compartir.