Todo por escrito, por correo o mensajería, al ritmo de su semana.
Un desarrollador pide tres meses y una reescritura. Recibe un análisis de qué arreglaría, qué deja fuera sin decirlo y qué le costaría decir que no.
Una explicación clara de en qué consiste su producto y dónde están sus puntos débiles reales, basada en leerlo y no en suponerlo.
Una intención difusa convertida en un encargo técnico con el que su desarrollador o su agente puedan trabajar sin inventarse la mitad que falta.
Un prompt escrito o reelaborado para su situación: análisis de arquitectura, auditoría de una zona delicada, revisión de lo que acaba de entregar un proveedor.
Describa su producto, haga la primera pregunta esta semana y cancele usted mismo si no le sirve.